sábado, 31 de marzo de 2018

EL HÉROE QUE NECESITAMOS


“¿Por qué huye, papá? 
Porque tenemos que perseguirle.
Pero si no ha hecho nada malo... 
Porque es el héroe que ciudad Gótica se merece, pero no el que necesita ahora”.
(extraído de “Batman: El Caballero de La Noche” diálogo entre el Comisionado Gordon y su hijo)

No siempre tenemos los héroes que quisiéramos, no siempre cubren todas nuestras expectativas. Es más muchas veces pueden molestar y es muy deseable adaptarlos a un medio para que nadie se escandalice ante su opinión. Hay quienes ya le huyen a este perfil; tal vez porque exigimos de ellos un dechado de virtudes que no son precisamente lo que cada uno de ellos es en la realidad. Y es de notar que a la gran mayoría de “fans” les cuesta aceptar ese grado de imperfección en ellos: no les perdonamos que no sean lo que quisiéramos que sean. ¿Y entonces que? ¿Será que hay recetas también para esto? Si bueno, basta con mirar cuán grande es la mochila que le ponemos encima a diversas figuras públicas, que si bien cuentan con un gran talento en lo suyo (deporte, artes, ciencias, etc.), no pidieron capaz nunca ser referentes sociales. 


Pero también es cierto que la voz y el actuar de la figura pública tiene hoy una enorme amplificación. Tal vez por ello decía el difunto tio Ben Parker, entrañable personaje de “Spiderman II” allá por la década del 2000, aquello de “«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad» (frase que hoy se sabe que Stan Lee, creador del superhéroe, extrajo de un famoso discurso del presidente americano Franklin D. Roosevelt alla por 1945). Enorme frase, pero ¿cuantos asumen ese compromiso con plena conciencia de sus implicancias?

Lejos de exigir lo que no corresponde, creo que es menester de todos, saber identificar y apreciar las condiciones y altas competencias que muchos personajes poseen, independientemente de si cumplen con todos los requisitos que “desearíamos”. Yo me quedo con tres conductas transversales que creo fundamentales:  

Al verdadero héroe se le ve en la cancha, ante las adversidades, ante circunstancias que pueden excederlos. Reitero: muchos no buscaron ese lugar y cuando les toco asumieron como pudieron. Pero no se justificaron, no miraron para otro lado sino que hicieron lo que tenían que hacer. ¿Errores? Y… claro que sí, pero no de omisión. 

La distancia entre sus hechos y sus palabras. El buen decir puede acompañar auténticas proezas de algunos aunque no deba ser esto necesariamente una constante; mas bien, en el caso inverso (excesivo decir cuando los hechos no son buenos avales), siempre habrá la percepción de estar frente a un fanfarrón irremediable.

No teme parecer lo que no es, es más prefiere mostrar sus pasivos y ser así aceptado antes que ser complaciente. La verdad de lo que soy y creo por delante. No estoy en el mundo para complacer a todos, puedo no coincidir con la mayoría o con los más influyentes. Me acepto con lo que soy y con lo tengo y con lo que no. Los prejuicios y tabús sociales no pueden gobernar mi vida ni afectarme psicológica o emocionalmente restando libertad en mi toma de decisiones.

Si de buscar modelos se trata, los hay de todo calibre: hay los modelos cinematográficos arquetípicos que impactan desde todo punto de vista: un William Wallace en “Corazón Valiente” o  Maximo en “Gladiator  personajes capaces de dar la propia vida en pos de la lucha por la defensa de un ideal superior, son realmente fantásticos sin duda; pero hay otro tipo de personajes que a mí literalmente me han volado la cabeza, tal vez porque más allá de su virtud, los percibo más terrenales, falibles y hasta antihéroes en algún momento, dado que las más de las veces no pelearon desde un comienzo en favor de las grandes causas y más bien, corrían sólo tras su propio éxito personal, sin conciencia real de lo que su actuar podría generar en su entorno:

Oskar Schindler (1908 – 1974) empresario alemán y miembro del Partido Nazi, que, durante la segunda guerra mundial, salvó la vida de aproximadamente mil doscientos judíos durante el Holocausto al emplearlos como trabajadores en sus fábricas de menaje de cocina y municiones ubicadas en lo que hoy son Polonia y la República Checa. El film “La lista de Schindler” (1993), lo retrata como un empresario oportunista que en principio solo buscaba sacar beneficios de la situación contractual y se convierte a la postre en una persona de gran iniciativa, tenacidad y dedicación que logró salvar la vida de sus empleados.


Phineas Taylor Barnum (1810 – 1891) empresario, político y artista circense estadounidense, célebre por ser pionero del showbusiness; hizo fortuna creando espacios de exhibición para mostrar sus numerosas atracciones. Tenía claro que lo diferente atrae  y fiel a esa premisa logro llenar las salas de dioramas, "cosmoramas", instrumentos científicos, escenas bíblicas con figuras de cera, animales disecados, actuaciones de nativos interpretando canciones y danzas tradicionales, show de magos, ventrílocuos, enanos, gigantes, malabaristas, trapecistas, etc. Toda persona diferente o especial podía llegar a ser la siguiente atracción de P.T. Barnum. El film “The Greatest Showman” muestra en formato musical de gran calidad, esta historia. Antes de su estreno en diciembre de 2017 y tratándose de un personaje tan polémico, intrigaba que se muestre de él sólo su lado positivo siendo que la historia le achaca sendos pasivos al haber cosechado riqueza a costas de otros. Sin embargo la película no desilusiona: se muestra el ascenso y caída de un personaje que en algún momento cegado por sus ambiciones, lastima a su personal, quienes resienten su actitud. No la tendrá nada facil, la vida le asesta duros golpes: problemas en su matrimonio, un creciente rechazo de cierto sector conservador de la sociedad que nunca aceptó a sus “rarezas” (asi llamaban a personajes como la mujer barbuda, el enano  los hermanos siameses y aún gente de color que participaba en su show en ese entonces) y que terminan saboteándolo, en fin, la vida lo pondrá ante situaciones que lo obligarán a re ver sus actos.


En estas dos historias encontramos personajes que no buscan ser héroes y terminan siéndolo para grupos humanos que se ven favorecidos por su intervención directa: la escena en que los judíos sobrevivientes rodean a Schindler cuando este se quiebra al caer en cuenta que pudo hacer mas por salvar personas es comparable al momento del quiebre de P.T. Barnum luego de perder a su familia y a su teatro tras un devastador incendio; en torno a él están sus “fenómenos”, aquellos mal mirados por la sociedad, que no son sino almas generosas y agradecidas, capaces de compartir su dolor en su momento mas oscuro y que lo acompañan porque gracias a él hoy se sienten en familia, algo que antaño no tuvieron. Y ¿por qué son héroes estos dos personajes? Porque se ocuparon de las necesidades de otros cuando tuvieron que hacerlo; fueron claves para esas vidas. No es poca su influencia: hay un antes y un después para cada una de las personas que dependieron de ellos. Y ahora, mirando con lupa a estos caballeros, me pregunto ¿son perfectos? ¿son los líderes que merecemos? A la primera pregunta respondo: Gracias a Dios no. Y sobre la segunda diré que no creo en los merecimientos; creo que estos héroes eran lo que en su momento cada grupo humano necesitaba. Sus errores mostraron su humanidad frágil e imperfecta y los acercaron al corazón de las personas, sus aciertos los transformaron en leyendas. Toca mirar muy adentro nuestro para ver si tal vez debajo de mil caparazones hay un Héroe necesario. Ojo, ya no hay excusas: no se trata de ser fenomenalmente extraordinarios sino brutalmente honestos y consecuentes con lo que creemos. Héroe, este es tu tiempo.

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